ELABORACIÓN DE MOLCAJETES Y METATES DE PIEDRA

METATE 3

 

Hola que tal hermosisimo público de Formula Mexicana los saluda su amigo de siempre Jaime Vázquez  “El Charrito De Oro”  de Grupo Formula , con la novedad de que les tengo más información sobre nuestras costumbres y tradiciones de nosotros los mexicanos , espero y les guste , hasta luego nos estamos viendo.

 

Hablar de las comunidades y colonias que integran la zona norte del municipio de Toluca, es siempre para mí un orgullo, ya que tienen la característica de contar con grandes artesanos, es el caso de San Andrés Cuexcontitlán, donde una parte importante de la población se dedica a la elaboración de molcajetes y metates de piedra.

Quien visite esta comunidad, no puede dejar de sentir curiosidad por conocer cómo se hacen tanto el molcajete como el metate y es que al entrar a los hogares lo primero que se observa, es un espacio donde se encuentran apiladas una gran cantidad de piedras de distintos tamaños y algunas herramientas rudimentarias que dan forma a estas piezas que hasta hace algunos años eran indispensables en toda cocina mexicana.

De acuerdo a los historiadores, el metate de piedra volcánica, surgió cerca del año 7000 A.C.

La forma de esta herramienta es rectangular, aproximadamente de 50 centímetros de largo por 30 de ancho o mayor según la necesidad, con superficie plana o ligeramente cóncava e inclinada que se apoya sobre tres conos invertidos del mismo material, popularmente llamados patas.

Se emplea para moler granos, semillas, chiles y principalmente maíz. Para usarlo, las mujeres se arrodillan con las dos manos en el metlapil que es una especie de rodillo de piedra más grueso por el centro que en los extremos, con el que se muelen los productos en su superficie.

Otro nombre del metlapil es mano de metate.

En tanto, el molcajete es un mortero de piedra volcánica con tres patas, en el que se trituran especias, chiles y hierbas, generalmente ayudándose con un poco de líquido.

Para moler se usa la mano del molcajete, también de piedra, llamado tejolote, temolote o temalchín.

Los adultos de San Andrés Cuexcontitlán, cuentan que desdes niño se dedican a elaborar molcajetes y metates, lo aprendieron de sus padres y abuelos, se trata de un oficio que se va heredando de generación en generación a los hijos varones.

De niño uno empiezan haciendo el tejolote, pero con el tiempo realizan el molcajete, podemos decir que entre la niñez y la adolescencia aprenden todos los procesos para elaborarlos.

La piedra con la que las personas de San Andrés Cuexcontitlán realizan estos utensilios, se obtiene de las minas de San Pablo Autopan, ubicada también en el municipio de Toluca, de donde la trasladan hasta sus casas que es donde regularmente trabajan.

Es piedra bruta y una vez que se tiene, lo primero que se hace es sacarle las patas, después viene el proceso de escabar la piedra, para darle forma a lo que llaman machetear la piedra, el siguiente paso es irla labrando con diferentes tipos de cinceles como el punzón, ancho y redondo, hasta que quede totalmente lisa.

Elaborar y diseñar un molcajete o un metate, no sólo implica pasar horas y horas sentado golpeando y dando forma a la piedra, sino que es un trabajo pesado que debe conocerse bien para poder realizarlo.

Quien llega a pasar por San Andrés Cuexcontitlán, puede observar como a golpe de mazo, los artesanos labran los molcajetes y metates, además de escuchar el singular sonido que se produce cuando golpean la piedra.

Se trata de un trabajo artesanal mal pagado, pues los molcajetes y metates se llegan a conseguir con los fabricantes hasta en 20 pesos, por este motivo, cada vez son menos los molcajeteros, a las nuevas generaciones ya no les interesa aprender este oficio, prefieren emplearse en las fábricas como obreros o buscar otra actividad como el hacer artesanías de resina, o muñecos de peluche que también distinguen a San Andrés Cuexcontitlán.

En las imágenes que muestran las cocinas de la época virreinal pueden verse recargados sobre la pared, una fila de cuatro o cinco metates de diversos tamaños; pues tenían funciones diferentes: uno para el jitomate y el tomate, otro para chiles, uno más para transformar el cacao en chocolate y otro para el nixtamal.

Lo importante era que los olores y sabores no se mezclaran uno con el otro.

Muchos de nosotros crecimos viendo en la cocina de las casas, braseros humeantes, veíamos como se cocía el nixtamal y como se hacía uso de molinos para moler maíz y obtener como resultado la masa, las mujeres se colocaban de rodillas en el suelo frente al metate y así, elaboraban las tortillas a mano cocidas en un enorme comal de barro.

El sabor de los moles aguados, los guisados dulces, la sencilla salsa roja o verde de jitomate o tomate de cáscara, hervido, tostado o asado, que se preparaban en los molcajetes, llenaban las cocinas de un olor y sabor inigualables.

Recuerdo que en casa, mi madre también guisaba sabrosos moles en grandes cazuelas de barro, envolvía tamales y los cocía en la olla tamalera era una rica tradición, así como hacer uso del molinillo para batir un espumoso y rico chocolate en jarro de barro.

Comento esto, porque la cocina mexicana ha evolucionado rápidamente, en la década de los sesentas llegó a México la licuadora, causando asombro principalmente entre las amas de casa, que se oponían a usarla pues no concebían moler ahí los productos básicos de la tradicional gastronomía mexicana.

Sin embargo, su uso se ha generalizado, sobre todo en las ciudades ya que en las cocinas tradicionales de los pueblos que conforman nuestro estado y de forma específica el municipio de Toluca, se alterna con el metate y el molcajete.

Sin duda la licuadora es un aparato de gran utilidad, pero no podemos negar que la alquimia realizada entre la cocinera y la piedra gris del metate y el molcajete le dan un sabor único a la más sencilla salsa, por lo que no está por demás tener un molcajete y un metate de piedra natural en casa para cuando haya oportunidad de preparar algunos de los alimentos que ya comentamos.

FUENTE:

poderedomex.com/notas.asp?id=61503